Bosquejo para “Territorio de pájaras” de Miriam Leiva

*Este texto fue escrito a modo de presentación para el poemario "Territorio de pájaras" de la poeta Miriam Leiva Garrido, presentado en el "Festival Iberoamericano de la palabra, 2020", desarrollado durante la Pandemia y aislamiento social.

El libro fue publicado por Ediciones La Balandra Poética, cuenta con un prólogo de Margarita Bustos y una ilustración de Myriam Tiznado Villarroel en la cubierta.*


Intuía en la brisa como tu respiro
el vino no tuvo esa demora de los ácidos frutos

Un lugar, un espacio, una instantánea captada con la intuición de una brisa que se acerca, así empieza «Territorio de pájaras» de la poeta y gestora cultural Miriam Leiva Garrido, uno de sus títulos más íntimos en estos vastos años de trayectoria. 
En el título, clara alusión al poema de Armando Tejeda Gómez: «Muchacha». Sutil, la poeta nos deja una pista: este libro trata sobre la mujer dentro de la mujer, la que atada intenta liberarse, aunque le cuelguen carteles de dioses en los que nunca creyeron.

En la cultura, nombrar al otro es forjar un lazo, reconocer un rol, un peso —si así se puede decir— en el paisaje. Los personajes innominados no intervienen en el relato de los hechos, no ocurren. Así mismo, nombrar una especie —en este caso de ave— es clasificarla, identificar un rol en el medioambiente; nos permite estudiar, conocer y hasta proteger esa especie. Por eso no es casualidad que el poema de Tejeda diga «nómbrame en cada playa», Miriam Leiva responde en su poemario:

para el hombre que regresa cada mañana
no habría mirado el mar 
con sus ojos dentro de los míos
ahora sé lo que hace temblar el alma 
durante las madrugadas
ahora soy la pájara que nombras.

Este poemario transcurre como una obra fílmica: la pájara huye, intenta desenredarse, desaparece sin desaparecer, se rompe y compone una y otra vez a lo largo de los verbos como una imagen de sí misma, que escapa y vuelve al origen como las olas. Pájara naufraga que se aleja… estoy lejos de la mujer que fui, afirma.

Otra acotación que deseo apuntar es la presencia de la piedra como elemento que rompe el primer milagro del amor, ausente en el principio del libro es la que juzga, la que choca, diametralmente opuesta al ave, la fractura, la que cae sin flotar, pero quien, curiosamente, forma la materia de la pájara de piedra que es su ancestro, como si esta historia fuera también de quienes le precedieron.

Volar es un acto de valentía y, según Gamoneda: «la belleza no es un lugar al que vayan a parar los cobardes». Sí, salimos lastimados, pero hay una costa desde donde contemplar como abriendo y desplegando toda esa belleza herida. Este libro, como no, solo puede acabar en cantos de aves; recuerdo un poema de Octavio Paz: sobre la arena/ escritura de pájaros/ memoria del viento. 

Rompiendo las reglas de la distancia, Miriam Leiva es un ave más en el territorio de sí misma, convierte al dolor en un aletear de belleza.

Alejandro Concha M.
En Lota, noviembre de 2020.

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